Una historia de amor

Una historia de amor

Hace años, en el seminario donde yo estudie, fui testigo de una hermosa historia de amor.
Uno de los chicos más feos del seminario se casó con una de las chicas más bonitas.
Ella era una de las chicas que habían llegado aquel año por primera vez. Los chicos más apuestos, más hermosos, inteligentes y comunicativos fueron desfilando, uno a uno, intentando conquistarla, sin éxito.
Un día un colega me buscó y me dijo:
– Estoy con problemas
– ¿Cuál es tu problema?
– Estoy enamorado
– ¡Felicitaciones! Eso es fabuloso, eso no es un problema.
– Espera un minuto -dijo el- , Es que me estoy refiriendo a aquella chica

Se me cortó la sonrisa, y murmuré;

– Bueno, ahí si, es ciertamente un problema. Tú sabes que los chicos más apuestos y seductores del colegio no consiguieron nada. ¿Te parece que ella te va a mirar a ti?
– Lo sé -dijo el chico triste- , Lo se muy bien, pero, ¿qué puedo hacer si la amo?

Los meses fueron pasando, y el amor fue creciendo en silencio dentro del corazón de aquel chico.
A mitad del año escolar, de repente corrieron rumores de que ella abandonaría el colegio porque no podía pagar las mensualidades.
Nuestro amigo se presentó al gerente del colegio y se ofreció para pagar las cuentas de la chica con el dinero que el había ganado vendiendo libros. Naturalmente, eso significaba para el la perdida de un año de estudios.
El gerente trató de disuadirlo. Pero no lo consiguió.

“El dinero es mío, y yo quiero pagar las cuentas de ella. Y, por favor, no quisiera que ella llegara a saber quien es el que pagó”.

Así que fue él quien tuvo que abandonar el colegio aquel año para vender mas libros y continuar estudiando al año siguiente.
Algunos meses más tarde me escribió una carta conmovedora.

“Dices que no vale la pena el sacrificio que estoy haciendo, que ella nunca me mirará. Lo que tú no sabes es que yo la amo y no puedo permitir que ella pierda un año de estudios. Yo la amo. No me importa si ella nunca llega a mirarme. Yo me siento feliz haciendo esto por ella”.

Al año siguiente regresó al colegio. Su amor estaba mas maduro. Tenía certeza de lo que sentía, y un día se armó de coraje y le habló.
Le abrió el corazón, y le declaró sus sentimientos.
Fue un momento muy triste. Ella, no solo rechazó la propuesta, sino que además, lo trató mal. Alguien buscó entonces a la chica y le dijo: “Oye, tienes el derecho de decir no, pero podías haber sido mas delicada con el. No necesitabas herirlo. Es verdad que es un muchacho simple, casi insignificante, sin ningún atributo físico, sin facilidad de palabra, pero el te ama tanto que el año pasado perdió el año de estudios para que tu no tuvieras que abandonar el colegio; y todo eso lo hizo sin que tu lo supieras, sin esperar nada, solamente porque te ama.”
La chica quedó en estado de choque. Lloró. Le preguntó al gerente si era verdad, y al tener la confirmación, se sintió herida y humillada.
Meses después aquel chico anunció a sus compañeros: “Estoy noviando con ella”.
Todo el mundo comenzó a pensar: “Es por lástima”. “Es por compasión”.
Pero un día ella me dijo una cosa bonita:
“Al principio, cuando descubrí lo que había hecho por mi, me sentí perturbada, fastidiada, ofendida. Pero a medida que el tiempo pasaba, comencé a pensar con mas calma, y me pregunté a mi misma: ¿Acaso podría encontrar en este mundo a una persona que me ame tanto, al punto de sacrificar en silencio un año de estudios sin esperar nada, e incluso sin querer que yo supiera el sacrificio que estaba haciendo?”

Entonces llegué a una conclusión:

“¿Cómo tendría el coraje de no amar a alguien que me ame tanto?”

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